El Estado Argentino transita el camino de la RS
A fines de la semana pasada se conoció la noticia que la ministra de Desarrollo Social de Argentina, Alicia Kirchner, pretendía canalizar a través de su cartera, parte de la ayuda social que realizan las empresas. Y apenas dos días más tarde, el domingo 9 de mayo, un anuncio de Presidencia de la Nación en la página 45 del diario Clarín (refiriendo al «Programa Nacional de Trabajo en Cárceles) menciona entre sus ítems la «Distinción a la Responsabilidad Social».
De esta manera, el Estado, a través de los ministerios de Desarrollo Social y de Justicia, se sube al tren de la responsabilidad social en Argentina.
¿Pero acaso se trata de la primera incursión en este ámbito? Ya en octubre de 1999 el Estado había dado un paso importante en este sentido con la promulgación de la Ley de Ética Pública (la 25.188).
En rigor, salvo en casos como el de nuestro país, no se concibe que un Estado no sea socialmente responsable: es su función primaria.
Con la Argentina sumida en la pobreza e indigencia, y con millones de niños que mueren destrunidos, el Estado se vio obligado a reasumir su rol natural.
Desde la crisis de 2001, el Grupo Sophia (vinculado a Horacio Rodríguez Larreta -h-) apoyado por el Diario La Nación y otras organizaciones, impulsó la creación del programa «El hambre más urgente» (que hoy en día lleva adelante el ministerio de Alicia Kirchner).
A partir de allí, así como fue creciendo la concientización por parte de las empresas de «devolver a la comunidad algo de lo que ella les brinda», surgió también la idea de poner en marcha un «Tren Sanitario», que implicaría la participación del ministerio de Salud.
En este último emprendimiento es donde varias empresas (como las ferroviarias Nuevo Central Argentino, NOA y TBA, Carrefour, Valot, La Óptica y la telco Giliac) prestan una importante ayuda para que el emprendimiento sea posible (aunque en el caso de las ferroviarias es cuestionable su aporte teniendo en cuenta los subsidios que reciben).
Aquí las empresas, como en cada uno de los programas que realizan por su cuenta, entran en el juego de la rse en tanto instituciones. Es importante establecer esta diferencia ya que desde ese lugar es desde el que se paran para accionar con la comunidad.
A tan sólo tres semanas de haberse firmado el Pacto Global, impulsado por la ONU, el Estado argentino, en una decisión esperada por muchos sectores, comenzó a hablar (y a accionar) más seriamente en cuestiones de responsabilidad social.
De todos modos, varios empresarios se mostraron escepticos respecto de la canalización de recursos que pretende Alicia Kirchner. Éstos argumentan que aún el Estado argentino no es lo suficientemente creíble como para garantizar que lo que las empresas entregan llegue a su destino final y no termine olvidado en un galpón o container, como ocurrió en reiteradas ocasiones.
Que el Estado comience a recobrar el espíritu de responsabilidad que le corresponde no debe ser criticado; por ahora basta con valorar el cambio y seguirlo de cerca. Más adelante se volverá a escribir otro capítulo en esta historia.
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