Los desafíos éticos en tiempos de Crisis
La calidad ética de una organización, está definida, en cierta parte, por los principios que intentamos lograr impregnar en el nivel interno, y que son los que posibilitarán darle una entidad ética a todo aquello que esa organización o empresa produzca.
Pero en tiempos de Crisis esta suerte de máxima se puede ver alterada por la coyuntura. Como dice Jorge Etkin, «los directivos de las organizaciones, en el marco de su lucha en los mercados, defienden sus decisiones incorrectas (en términos morales) hablando de la lucha por la supervivencia».
También señala una cuestión que merece ser reflexionada, aún más en tiempos de incertidumbre: «La ética no puede estar sometida a los criterios de productividad, ni se limita al análisis de la legalidad de los actos. […] Lo correcto se basa en convicciones que no son abstractas porque también hacen a la búsqueda del bienestar de la organización, a la calidad de vida. Lo inmoral afecta la condición humana y vulnera la naturaleza social de la organización, aun en las situaciones en que los directivos se mantienen dentro del orden jurídico».
Y aquí aparece una cuestión muchas veces mencionada pero pocas discutida: la empresa no es más o menos ética porque pague sus impuestos o haga lo que le marque la ley para desarrollar su actividad. Las leyes y normativas siempre tienen sus puntos oscuros o vacíos sobre los que algunos hábiles profesionales saben moverse como surfistas.
Cierto es que cuando se está ante una tormenta hay que tomar decisiones que pueden suponer giros importantes. Pero más cierto es que esta tormenta se venía divisando desde hace buen tiempo en el horizonte, un lapso prudencial para poder tomar decisiones meditadas.
En las crisis, generalmente las aguas se bifurcan hacia los que sostienen que «la mejor Responsabilidad Social que se puede ejercer es mantener el empleo» (y por consiguiente, dejan de lado muchos logros de los años de bonanza), y entre quienes apuestan a la creatividad y potenciar el factor humano, sin hacer a un lado su conducta ética por la coyuntura.
Pero puede ser que en esta crisis algo sea diferente, respecto de las anteriores. En la Harvard Business School los nuevos egresados salen realizando una suerte de juramento hipocrático sobre el que juran ser Éticos en la Era de la Inmoralidad.
Quizás estos tiempos no sean los mejores para realizar una «limpieza ética», como aconseja Marcelo Paladino, del IAE, porque al decir de Etkin «generaría mayor incertidumbre en la organización».
Pero sí es tiempo para sumar un mayor compromiso ético, que sea expresado por los directivos con sus acciones y palabras, para que el «clima» vaya tomando naturalmente su rumbo mientras el barco se tambalea.
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Comentarios
Fernando, muy bueno tu post. Me hizo recordar y repasar lo que dice al respecto Alfonso Sánchez-Tabernero en su libro Dirección Estratégica de Empresas de Comunicación, pero que calza con compañías de cualquier sector. Copio acá sólo una parte:
«Coherencia ética y eficacia empresarial no sólo resultan compatibles, sino que se exigen mutuamente. Sólo el comportamiento ético permite alcanzar un alto nivel de motivación de los empleados, favorece la buena imagen de la empresa e infunde confianza en el público; y estos aspectos resultan necesarios para la supervivencia a largo plazo de cualquier organización… Muchos de los conflictos entre ética y rentabilidad se solucionan a largo plazo: cuando la falta de ética produce rechazo y los valores, reconocimiento».
Pienso que ésta es una más de las (buenas) lecciones que está dejando, con ejemplos reales, la crisis.


Tienes razón. La reflexión de la ética sigue vigente. Para muchos resulta heróico ser ético en la era de la inmoralidad. Simplemente no saben cómo. Ya lo definió Aristóteles, la ética es un saber que orienta la acción. Vale la pena pensar si es que no hemos difundido, explicado y cultivado adecuadamente este saber.
A mí me parece que las crisis, así como discursos poderos y transversales como la RSE son útiles en ese ejercicio. Al final, creo que de lo que se trata es de reaprender la forma como se hacen negocios, para hacer empresas que respeten la moralidad mínima, de un estado democrático.