Pensar en Ciudades Justas es posible
Desde 2001 se ha venido desarrollando en Europa una interesante experiencia territorial, la de las Ciudades por el Comercio Justo. La primera de ellas fue Garstang, en 2001, un poblado cercano al mítico Liverpool, en la región central de Inglaterra, y al día de hoy ya se le han sumado más de 630 ciudades en todo el Viejo Continente.
Para que una Ciudad sea declarada «Ciudad por el Comercio Justo» debe cumplir con cinco criterios:
- Aprobar una resolución favorable al Comercio Justo y al consumo de este tipo de productos por parte del Ayuntamiento
- Ofrecer productos de Comercio Justo en cafés, restaurantes y tiendas de la ciudad
- Compromiso del sector privado y organizaciones introduciendo este tipo de productos en su consumo interno
- Comunicación y sensibilización a la ciudadanía
- Creación de un grupo de trabajo que coordine el programa
A simple vista la cuestión parece sencilla. Los cinco criterios no implicarían demasiado problema en ser aplicados si no fuera por la sencilla razón de que lo que falta es justamente desarrollar el Comercio Justo (esto se puede ver claramente en España, donde sólo una Ciudad, Córdoba, ha logrado el Status de los cinco criterios).
La iniciativa, coordinada en España por la Cooperativa Ideas con el apoyo de la Agencia Española para la Cooperación y el Desarrollo (AECID) plantea recurrentemente que la adaptación de estos criterios sea «en la medida que sea posible». Y claro, es que los pequeños emprendedores que apuestan por el Comercio Justo no suelen contar con una red tan vasta como la de cualquier entrepeneur que decide encarar un proyecto. El acceso al crédito es uno de los principales escollos con los que cuentan, y aunque en muchos casos los consigan a través de programas de microcréditos e inclusión en los negocios, el segundo gran reto que se plantea es el de entrar en los mercados.
En América Latina no existe una experiencia como la de las Ciudades Justas, pero sí existen redes que agrupan a estos comerciantes y los ayudan a encontrar mercados interesados en sus productos.
Pero claro que si existieran las Ciudades por el Comercio Justo, desde las administraciones públicas se les estaría dando un gran empuje a estos pequeños productores y las empresas también tendrían la oportunidad de trabajar incorporándolos a la cadena de valor. Pensar en Ciudades por el Comercio Justo en América Latina es posible, sólo hay que tener voluntad para impulsarlas.
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