Seis sombreros para la RSE
El libro que hace más de dos décadas escribió Edward De Bono [Seis Sombreros para Pensar, Viking, 1986] y se convirtió en consulta obligada del mundo del management proporciona hoy una nueva mirada para planificar y consolidar un Proyecto o Programa de Responsabilidad Social.
Esta mirada contempla identificar seis tipos de pensamiento con los que nos identificamos constantemente y casi, sin darnos cuenta.
De Bono los agrupó por colores, para identificar del modo más sencillo a cada modo de pensamiento. Pero antes de seguir avanzando, una salvedad necesaria: ¿qué es lo que determina el pensamiento? Una acción. Por eso la importancia de saber con qué sombrero un gerente o líder de proyecto piensa en el accionar socialmente responsable de la empresa a la que representa.
Los seis sombreros de De Bono
El sombrero blanco “son los hechos y datos comprobables”. Es el pensamiento lógico pero en una etapa virgen, en la que está todo por hacer.
Las ideas no vienen solas, por el con el sombrero blanco se podrá “trazar un mapa” para ubicarlas y disponerlas en un orden lógico que sirvan a la estructura de este tipo de pensamiento. Así es como se van completando los “vacíos de información existente”.
El sombrero rojo es el que nos permitirá percibir “el aroma emocional” en las relaciones interpersonales que entablamos frecuentemente, y también de las situaciones por las que atravesamos.
Usando este sombrero podemos percibir “lo subjetivo”, aquello para lo que el sombrero blanco no tiene una respuesta, porque el sombrero rojo nos permite cerciorarnos del “lugar que damos a las emociones en la estructura del pensamiento”.
El sombrero negro al igual que el blanco también pone el acento en el pensamiento lógico, pero de otra manera, radicalmente opuesta. Quien utiliza este sombrero es quien “mira el lado oscuro de las cosas, pero siempre con lógica”.
Lo primero que mira no son las bondades o perspectivas de un proyecto, sino “el por qué algo no funcionará”.
De Bono dice que quien elige usar el sombrero negro en primer término se verá impedido de poder “avanzar” en el proceso del pensamiento y las ideas.
El sombrero amarillo es el que “indaga y explora en busca de valor y beneficio. Después procura encontrar respaldo lógico para este valor y beneficio”.
Pensar con este sombrero ayudará a “manifestar un optimismo bien fundado” porque el sombrero amarillo es el que estimula, el que dice “vale la pena”.
Este es el tipo de pensamiento que marcará la eficacia de las ideas que se pongan en marcha, para las que el interés propio será una fuerte base que contribuirá a un pensamiento positivo.
El sombrero verde representa la creatividad, o mejor dicho, el pensamiento creativo. Es el que se ocupa del cambio y de lo que De Bono llama las ideas “en movimiento”.
A partir de este sombrero es que se ajustarán las ideas y proyectos que surjan para hacerlos útiles y realizables.
Si todos los demás sombreros parecían estructurados, con el verde se podrá lograr cierto grado de libertad con el que se podrá avanzar en la presentación de “ideas provocadores”, que movilicen.
El sombrero azul es aquel que “dirige los procesos o aporta el pensamiento directriz”, al tiempo que es el que nos indica “cuándo cambiar de sombrero”.
De cierto modo, es el que termina organizando los distintos pensamientos para direccionarlos del modo que sirvan más eficazmente al propósito por el que fueron ideados.
La utilización de este sombrero nos dotará de una “visión global” de la situación sobre la que estemos trabajando.
Los sombreros socialmente responsables
En función de la RSE, diríamos que el sombrero blanco está alineado con “lo tangible dentro de lo intangible”.
Es el modo de pensamiento que debemos poner en funcionamiento a la hora de elaborar el Reporte Social, donde debemos “medir” la incidencia del Programa de RSE según los públicos de relacionamiento, entre otros factores.
Uno de esos públicos de relacionamiento [categorizados como Stakeholders y fundamentales en su pirámide] es el público interno de la compañía. Para conocerlo mejor, hay que utilizar el sombrero rojo, que nos permitirá conocer mejor el clima interno y, específicamente, de quienes se involucran en los programas de RSE a través del Voluntariado.
Con el sombrero rojo se podrá establecer qué lugar le damos a la planificación de nuestras relaciones con la comunidad, lo cual será de gran utilidad no sólo para el Reporte sino para repensar los procesos.
Pero qué hay del beneficio que logra la empresa con la puesta en marcha de la RSE. El sombrero negro será el que diga “la RSE es muy loable pero… ¿es rentable?”.
Reconvertirse en una Empresa Socialmente Responsable es negocio: mejora la reputación, las ventas, el clima interno y hasta la forma de hacer negocios.
Observar todo este proceso desde la mirada positiva no es tampoco ideal, aunque “combatir el infortunio por adelantado, no es de personas inteligentes” diría el viejo Maestro.
El sombrero negro debe aportar su mirada a los procesos de pensamiento y construcción, pero con el cuidado de que no sea ni la única ni la primer mirada, ya que impediría avanzar.
Casi en un punto contrapuesto se ubica el pensamiento del sombrero amarillo, que es el que “hace que las cosas ocurran”. No se fija en lo que puede fallar, o en los inconvenientes, “proyecta las ideas proporcionando una mirada esperanzadora”.
Y justamente, para seguir con el ejemplo anterior, es el que se concentra en el beneficio. Desde la gestión de RSE podemos utilizar este sombrero cuando se presenta una Organización de la Sociedad Civil con un proyecto para brindarle apoyo. “¿Es viable? ¿Qué beneficio le traerá a la compañía?” De esto se ocupará el sombrero amarillo. A partir de aquí se construirá las ideas, los equipos y las metas de los proyectos de RSE.
Y es justamente con el sombrero verde con el que se dotará de al proyecto de RSE de un elemento vital: Creatividad.
No basta con hacer lo mismo que el resto de las empresas. Está bien que en la RSE no se compita, pero eso no quita que se deje de pensar creativamente. El sombrero verde vendrá al rescate en este punto.
Este es el sombrero que se usará para lograr la sustentabilidad del Proyecto de RSE, porque “usamos una idea por su efecto prospectivo”.
Incursionar en el terreno de la responsabilidad social implica también aprender y saber gestionar el cambio. Para ello las “ideas provocadoras” que proporcionará el sombrero verde serán de gran ayuda ya que se podrá pensar en “alternativas” para la planificación de la gestión de RSE, sobretodo teniendo en cuenta que muchas veces la “lógica” no cuadra en ciertas circunstancias.
Toda esta estructura de pensamientos que hacen posible la formación de un proyecto socialmente responsable para cualquier tipo de empresa, pero no podrá “echarse a andar” por sí solo si no cuenta con alguien que dirija los procesos o aporte un pensamiento directriz.
Aquí es cuando entra en escena el sombrero azul con el que estará identificado, irremediablemente, quien esté al frente de la RSE de la empresa u organización.
A partir de este pensamiento directriz que proporciona el sombrero azul, el líder de proyecto o gerente de RSE sabrá “dónde situar el foco” de las acciones que se programen.
Se dejará de ver el árbol para comenzar a ver el bosque y de este modo dotar a nuestro proyecto de RSE del activo más preciado: su Sustentabilidad.
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