RSE y Cambio Climático: hace falta más conciencia
Sequías, aumento de los caudales hídricos, lluvias intensas, granizo, temporales… son fenómenos que América Latina y Europa viven, con distintas magnitudes, pero enfrentan con conciencias diferentes.
El cambio climático es tema de agenda constante, porque ya está instalado en la discusión pública europea, pero eso no significa que todos los ciudadanos sean conscientes de su impacto.
Por su parte, los gobiernos de la Unión Europea (UE) han consensuado, cual puntadas de una aguja, ciertas medidas genéricas desde la aprobación del Protocolo de Kyoto en 1997. Eso ha permitido que uno de los centros donde se haya focalizado la atención sea en el transporte y sus emisiones de dióxido de Carbono (CO2).
El reemplazo de las unidades de transporte público que funcionaban con nafta por otras funcionando con gas natural, e incluso, en países como Noruega, unidades que funcionan con biodiesel, forman parte de un plan consensuado que aún no genera los resultados que todos desean.
El 10 de enero la Comisión Europea emitió un comunicado en el que insta a los 27 países comunitarios a reducir sus emisiones de CO2 en un 20% en 13 años (año 2020), una medida similar a la que se tomó en el Estado de California, Estados Unidos, en diciembre último cuando se promulgó una ley que, en este caso, obliga a ese Estado a reducir sus emisiones para 2020 en un 25%.
Unos días antes de esa comunicación europea, el diario italiano La Repubblica se adelantó y publicó en su tapa una seria advertencia: «Clima, la alarma de Europa. Catástrofe en el Mediterráneo». Allí señalaba que Italia y España iban a sufrir muy duro las consecuencias del cambio climático en los próximos años si no se hacía algo urgente. Y hasta se animaron a cuantificar los daños en términos económicos según el aumento de las temperaturas. Pero según, Le Figaro, de Francia, Italia reprochó al ejecutivo europeo «tener que adoptar objetivos surrealistas».
En Argentina, la actual secretaria de Medio Ambiente, Romina Picolotti, se encuentra más preocupada por el conflicto bilateral con el Uruguay, por las plantas de celulosa, que en impulsar medidas contra el Cambio Climático. Su antecesor, Atilio Savino, ubicó al país como referente en Latinoamérica y el tema era de constante preocupación. Pero la decisión política de Néstor Kirchner, frente al conflicto uruguayo, echó por tierra todos los avances logrados que ahora amenazan con quedar en la nada.
Volviendo al otro lado del Atlántico, Peter Levene, a cargo de la aseguradora británica
Lloyd’s, señaló que «los Estados y las Empresas Mundiales propiciar un debate por la reducción de las emisiones (de CO2) y hacer el objeto de un debate más importante a los Estados Unidos (que se opone a reducir sus emisiones)».
El rol empresario
Pese a esta situación de claro avance por parte de Europa respecto a América Latina, en lo que se refiere a la mitigación del Cambio Climático, las empresas globales no parecen estar acompañando estas medidas (razón que puede llevar a entender por qué tampoco tienen éxito las políticas de Estado).
Tanto es así que el responsable de Medio Ambiente del gobierno británico, Ian Person,
embistió a principios de enero contra las aerolíneas que rechazan las propuestas de la UE para reducir sus emisiones de carbono.
A fines de diciembre de 2006, la UE propuso un plan para que todos los vuelos de compañías europeas reduzcan sus emisiones a partir de 2011 y un año después, la exigencia abarcaría a los vuelos internacionales que salgan o lleguen de un aeropuerto comunitario.
Los expertos estiman que ese proyecto aumentará unos 37 euros por pasajero el coste de los vuelos y eso ha llevado al director de Ryanair (una aerolínea low cost de origen irlandés) a prometer «boicotear» ese proyecto que calificó de «un nuevo impuesto».
Cuando se celebró en Buenos Aires la COP 10 (Conferencia de las Partes sobre Cambio Climático) en diciembre de 2004, la organización ecologísta Greenpeace impactó en los medios al presentar las heladeras «Greenfreeze», que contribuyen a mitigar la emisión de gases de efecto invernadero. La empresa que incorporó la tecnología era Autosal, una PyME que trabajó conjuntamente con los técnicos de Greenpeace Argentina.
La exigencia de modificar los presupuestos que se destinan a I+D es justamente para permitir que estas tecnologías sean puestas en marcha por el sector productivo y contribuyan a mitigar el efecto del cambio climático con productos de consumo que no tengan un precio diferenciado por ser «verdes».
Estados, Empresas y Ciudadanos están enfrentados al reto que les impone el Cambio Climático: Unidad frente al fenómeno o Separatividad para enfrentar un desastre.
Así como el Cambio Climático es posible, el CAMBIO, también es posible.
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