La discapacidad de la responsabilidad social
Existen temas como pocos, a los que la RSE todavía parece no haberles encontrado la vuelta.
Si bien «la moda» de que las empresas ejecuten programas de responsabilidad social se puede considerar como «reciente», no son muchas las empresas que concretan acciones tendientes a incluir a personas discapacitadas entre sus plantillas o incluir asociaciones en sus programas de padrinazgo.
Uno de los casos pioneros en la Argentina ha sido el que llevó a cabo Mc Donald’s, que desde 1992 incoporó a su staff de recursos humanos a discapacitados mentales de la Fundación Discar que a la fecha ya suman 122.
Pero esta tendencia no fue imitada ni tomada como ejemplo por otras corporaciones.
Sin embargo la movida empezó a venir de la mano de las mismas personas con discapacidad con ganas de integrarse más a la sociedad.
Así fue como el grupo de teatro Ojcuro llevó adelante la puesta en escena de La Isla Desierta, novela del escritor Roberto Arlt escrita por 1937.
Este grupo, que esta conformado por 9 miembros, entre quienes hay ciegos, personas con visión disminuida y un sólo vidente, se comenzó a presentar hace dos años en el Centro Cultural Konex.
De allí, salieron a hacer temporada a Mar del Plata, en enero de 2003, y actualmente volvieron a la sede de la calle Córdoba 1235 donde representan la obra los días jueves y viernes en una experiencia única para todos aquellos que tenemos el privilegio de la visión.
Otros que están dando el ejemplo por estos días son Los Murciélagos, el seleccionado de fútbol ciego que tras llegar a la final del mundial de su categoría, que se llevó a cabo en el CENARD, salieron subcampeones.
Los jugadores de este mundial se están preprando nada menos que para competir en los próximos Juegos Paraolímpicos de Atenas.
Los Murciélagos cuentan con el apoyo de la Secretaría de Deportes de la Nación y del Grupo Orígenes para poder llevar adelante esta experiencia.
Si bien estos son tres ejemplos valederos del accionar de la RSE en la inserción del discapacitado en la sociedad, aún resulta ínfimo el resultado.
Mientras no exista una política seria de Estado, tampoco las empresas podrán hacer demasiado. Pero siempre vale correr el riesgo.
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