La Responsabilidad Social frente a la salud mental
Michel Foucault en su libro “Historia de la Locura en la Época Clásica” nos dice que “la locura aparece en la dialéctica inmanente de los Estados”. En un charla mano a mano con José Lumerman, psiaquiatra, emprendedor social de Ashoka, la conversación deriva en que “Argentina es un país psíquicamente grave, y Juan Carlos Blumberg es parte del fenómeno psico-social del país”.
Lumerman trabaja con pacientes con trastornos mentales desde la década del 70, cuando era Jefe de Residentes del Hospital Italiano. Su labor, siempre (aunque las distancias a veces eran más prolongadas) estuvo ligada con la comunidad neuquina, donde actualmente dirige el Instituto Austral de Salud Mental.
Luego de los tumultuosos años dictatoriales, en los que fue secuestrado por su participación en el centro de estudiantes de Medicina en la ciudad de La Plata, y su paso como residente en el Hospital Moyano (el centro de internación para hombres con problemas mentales en Buenos Aires), se dedicó de lleno a la psiquiatría comunitaria (desde 1987).
En Neuquén, cuenta, “no había nada cuando yo llegué. Entonces comencé a trabajar en el concepto del médico general y a integrar la religión, el arte y el medio ambiente como parte de mi terapia”.
“La idea no es internar a los pacientes, sino reinsertarlos socialmente y trabajar interdisciplinariamente el concepto de rehabilitación”, sostiene Lumerman.
– ¿Cuál es la base de esta terapia que lleva adelante?, preguntó RSE Online.
– La Familia, en primer lugar, es nuestro pilar de trabajo. La familia de una persona con trastornos psíquicos vive en la desesperanza, no se educa a la gente para que esté preparada ante estas situaciones. Nosotros hacemos todas las semanas reuniones en un espacio que se llama “multifamiliar” donde se zanjan todas las inquietudes y se analizan las evoluciones. Además, trabajamos con un sistema en red, que al principio era resistido por los psiquiatrias, pero luego comprendieron que enviándonos los pacientes, nosotros les sacamos de encima la parte de mayor complejidad. Este sistema recién lo implementamos hace dos años y costó mucho hacerlo.
La tarea que llevan adelante Lumerman y su equipo en la capital neuquina es monitoreada por un Instituto Inglés y la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Columbia, quienes apoyan al psiquiatra desde hace varios años junto con la ONG Ashoka.
La atención primaria es otro tema que preocupa al director del Instituto Austral de Salud Mental. En un país en el que el 10% del PBI se lo lleva el gasto en salud, un 90% se lo lleva la atención terciaria, o sea, en las internaciones, cirugías… en fin, en lo que más dinero recaudan los prestadores.
Esto quiere decir que la atención primaria no es una prioridad para el Estado, y por eso es que surgen proyectos como el de Lumerman que buscan aportar su grano de arena para una concepción de cambio.
Su propuesta, asegura, “tuvo buena respuesta de los comerciantes del centro de Neuquen que reciben a nuestros pacientes sin ningún problema cuando salen a reinsertarse. Una de las actividades, por ejemplo, puede ser ir a comprar algo al supermercado. Todos colaboran, es realmente un trabajo comunitario”.
Desarrollar un programa de responsabilidad comunitaria implica compromiso no sólo con la comunidad en la que una empresa actúa, sino también con los clientes, proveedores y accionistas de esa empresa.
Frente a la demanda de una comunidad, canalizada a través del Dr. Lumerman, en Neuquén se implementó un modelo de tratamiento de enfermedades mentales totalmente atípico y al mismo tiempo innovador.
Este modelo combina arte, recreación al aire libre, muchas horas de escucha, y algo fundamental que valoraron las empresas a la hora de meterse en este proyecto, que es el abaratamiento de los costos frente a un tratamiento de internación.
¿Por qué es fundamental este punto? Porque buenas intenciones tienen todos, pero los recursos no son infinitos. Los programas de RSE manejan interesantes presupuestos pero uno de sus objetivos es alcanzar a la mayor cantidad de gente, no destinar todo a un solo proyecto.
Ashoka maneja un presupuesto anual de 13 millones de dólares en todo el mundo, y de la parte que le toca a la Argentina, la cifra se divide entre los 27 emprendedores sociales que hay en el país. En la última semana empresas como Tecpetrol, Coca Cola, Coto, Philips y Fundación Telefónica, se sumaron a esta red global para contribuir al desarrollo de otros emprendimientos.
Un dato fundamental que no debe escaparse: la flexibilidad y apertura a nuevas ideas a la hora de solventarlas es fundamental, de otro modo, el cambio no sería apreciado.
En apenas dos meses, el Instituto Austral de Salud Mental estará organizando el Primer Simposio Patagónico sobre «Salud Mental Comunitaria. Problemáticas Psicosociales: elaboraciones y alternativas».
A este encuentro, que será el 20 y 21 de agosto en la Universidad del Comahue, asistirán profesionales de los Estados Unidos, jueces, teólogos, un arquitecto y otros especialistas de la salud mental para generar un espacio «para vincular masa crítica que está fragmentada y poder realizar cada dos años un encuentro», según los deseos de Lumerman.
Para saber más sobre este Simposio se pueden contactar al 0054 0299 443-0527 o por mail a simposiopatagonia@yahoo.com.ar
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