Una mirada humanística a la RSE
¿Cómo sabemos si una empresa se embarca en el océano de la responsabilidad social por mera convicción y conciencia o si sólo es parte de una estrategia de marketing?
Desde este espacio se ha sostenido que la empresa, como tal, tiene derecho a obtener dividendos de sus acciones de RSE: o sea, que sus programas comunitarios no se transformen en pérdidas para los balances de la empresa.
Pero en ese punto hay que empezar a distinguir, entre las que persiguen un objeto basado en valores éticos fuertes y quienes se suben al tren de la moda (y la imposición del mundo de los negocios) para parecer una institución comprometida.
A pesar de lo que se pueda creer, la Responsabilidad Social Empresaria tiene mucho de humanismo, si bien se encuentra enmarcada en un ámbito empresario, especulativo.
Es que para que una empresa pueda mostrar sus logros de compromiso ético y comunitario necesita de algo fundamental: capital humano.
Y la humanidad, en su conjunto, está comprendiendo cada vez más y mejor, que tiene en sí misma una responsabilidad social con sus hermanos. El humanismo de la RSE radica entonces en el Ser Humano, en su esencia; en su capacidad de darse cuenta que para ser responsable con los demás, primero debe ser responsable consigo mismo.
Un ejemplo de esto ocurre con la recolección de residuos en Buenos Aires.
El negocio de la basura es un n-e-g-o-c-i-o (con todas las letras). Se tratan de concesiones millonarias que realiza el Estado con empresas que generalmente operan en otras plazas y, por lo cual, controlan un volumen de negocios poco visto en el sector privado.
Usualmente, los vecinos se quejan de que el camión recolector no pasa lo suficiente, que los cartoneros dejan toda la basura revuelta o que su esquina está sucia porque los perros rompen las bolsas de basura para comer.
De estos enojos, surgen los artículos periodísticos en los que se pone la lupa sobre el negocio de las empresas y su aparente insuficiencia para operar como correspondiera.
Pero hilando fino vemos que: a) el que deja la basura en la calle es el vecino -o el portero-, y usualmente la saca cuando tiene ganas no cuando debe; b) los cartoneros revuelven porque de esa forma viven, pero son los menos a quienes se los ha capacitado para que aprendan a tratar la basura y manejarla con los cuidados necesarios para no lastimarse; c) como se trata de oligopolios, algunas empresas declaran una cantidad de camiones que no son los mismos que recogen los residuos y puede haber retrasos.
Ante este panorama, el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, ha venido impulsando acciones concretas de educación para que el problema de la basura deje de ser un problema. Y a pesar de las multas que ahora existen por sacar basura fuera de horario, los vecinos no han comprendido… porque para ser responsables hace falta también voluntad.
Si el ciudadano no toma conciencia de que él mismo es el que genera la basura, que no la separa o la coloca en bolsas incorrectas y a horarios que no debe, seguirá viviendo en el enojo.
Por eso, cuando una empresa obliga -o sugiera sutilmente- a sus empleados a participar de los programas de Voluntariado están olvidando un detalle fundamental: el aprendizadje emocional de ese sujeto.
Una persona puede tener la mejor de las voluntades para colaborar en proyectos comunitarios, pero si no es responsable consigo mismo no va a poder vincularse con ese proyecto del que otros esperan recibir lo mejor.
Breves de la RSE
Una de cal y otra de arena
El mismo día en que la Fundación Temaikén, junto con la Fundación BioAndina y Eco de los Andes anunciaban la liberación de un cóndor andino, que había sido rehabilitado, en la provincia de Tucumán, la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación informaba, en un escueto comunicado, que “la Dirección de Fauna Silvestre, conjuntamente con la Policía de Seguridad Aeroportuaria, detectó en el Aeropuerto Jorge Newbery, tres ejemplares de halcón peregrino que serían retenidos en forma ilegal. Se trata de una especie que se encuentra en riesgo de extinción.”
Orgullo y bochorno, todo junto, el mismo día.
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